La transformación empresarial para el 2035 empieza por el liderazgo, no por la tecnología
La inteligencia artificial ya no es una promesa futura. Está entrando en las organizaciones, en los equipos y en la forma en que trabajamos. Pero la pregunta importante no es solo qué herramienta vamos a incorporar, sino qué tipo de empresa queremos ser cuando esa tecnología forme parte de nuestra realidad diaria.
Esa fue una de las ideas centrales de la ponencia de Agustí Molías, CEO de The Client Group en el Barcelona Customer Congress: la IA no va únicamente de eficiencia, automatización o productividad. Va de liderazgo y transformación empresarial. Y toda transformación exige criterio, dirección y capacidad de acompañar a las personas.
Porque una empresa puede comprar tecnología. Pero eso no significa que esté preparada para navegar con ella.
Empresas que salen a navegar
Agustí abrió su intervención con una pregunta directa: si pensamos en la empresa en la que trabajamos hoy, ¿seguirá existiendo en 2035? Y, si existe, ¿cómo será? ¿Seguiremos trabajando allí? ¿Querremos hacerlo?
A partir de ahí planteó una metáfora clara: muchas empresas han funcionado durante años como barcos amarrados a puerto. Organizaciones protegidas, relativamente estables, centradas en optimizar procesos, mejorar poco a poco y mantener el rumbo.
Pero el contexto ha cambiado. Las compañías ya no quieren seguir en puerto. Quieren salir a navegar. Y eso lo cambia todo.
Cuando una empresa sale al mar, ya no basta con tener un buen barco. Hace falta una tripulación preparada, alineada y dispuesta a asumir nuevas condiciones. En términos empresariales, no basta con incorporar inteligencia artificial. Hace falta que las personas entiendan para qué, cómo y con qué impacto.
Ahí empieza la verdadera transformación empresarial: no en la herramienta, sino en la capacidad de la organización para darle sentido.
El error: pensar que la IA es solo tecnología
Ante la presión por avanzar, muchas organizaciones buscan la mejor herramienta, el mejor proveedor o la solución más inmediata. Pero ese enfoque puede ser insuficiente.
Agustí lo explicó con una comparación sencilla: sería como querer salir a navegar y pensar que lo primero que necesitamos es comprarnos una chaqueta náutica. Puede ser útil, pero no resuelve la pregunta principal: ¿sabemos navegar? ¿Queremos hacerlo? ¿Tenemos claro hacia dónde vamos?
En la adopción de IA, el fracaso rara vez es puramente técnico. Suele ser estratégico, cultural y organizativo.
La tecnología puede funcionar. El problema aparece cuando las personas no entienden el sentido del cambio, cuando los líderes no saben comunicarlo o cuando la organización pretende transformar sin revisar hábitos, procesos y formas de trabajar.
Por eso, hablar de inteligencia artificial en empresas es hablar también de liderazgo y transformación empresarial. La IA no se implanta en abstracto. Se integra en una cultura, en unos equipos y en una forma concreta de tomar decisiones.
Eficiencia, productividad y experiencia de cliente
Muchas empresas analizan la IA desde dos grandes palancas: eficiencia y productividad.
La eficiencia consiste en hacer lo mismo con menos recursos: automatizar tareas, reducir tiempos, simplificar procesos o eliminar fricciones operativas.
La productividad consiste en hacer más con los mismos recursos: aumentar la capacidad de los equipos, acelerar entregas o multiplicar el impacto de determinadas funciones.
Pero Agustí añadió una tercera palanca: la experiencia de cliente, lo que denominó el “ROI blanco”.
No todo retorno de la IA debe medirse únicamente en ahorro de costes. También hay retorno cuando la tecnología permite ofrecer mejores experiencias, relaciones más cuidadas, respuestas más útiles y servicios más humanos.
Este punto es clave para empresas orientadas a la relación con cliente. La IA no debería entenderse solo como una herramienta para reducir carga operativa, sino como una oportunidad para elevar la calidad de la experiencia de cliente.
Una organización puede usar la IA para atender más rápido. Pero también puede usarla para atender mejor.
Liderar es pensar, decidir y comunicar
Una de las reflexiones más importantes de la ponencia fue que muchas personas en las organizaciones viven resolviendo problemas constantemente. Pero resolver problemas no siempre equivale a liderar.
Las competencias básicas de un líder siguen siendo tres: pensar, decidir y comunicar.
La inteligencia artificial puede ayudar a analizar información, contrastar escenarios, acelerar tareas y enriquecer la toma de decisiones. Pero no sustituye la responsabilidad de liderar.
De hecho, la IA hace todavía más visible la necesidad de liderazgo. Porque cuando todo se acelera, los equipos necesitan dirección. Cuando aparece incertidumbre, necesitan criterio. Y cuando hay miedo, necesitan acompañamiento.
El liderazgo y la transformación empresarial no consisten solo en definir una estrategia. También consisten en crear las condiciones para que las personas puedan entender el cambio, participar en él y hacerlo suyo.
La regla 10-20-70
Agustí recordó una idea fundamental en los procesos de transformación: la tecnología representa solo una parte del éxito.
| Factor | Peso | Qué implica |
| Tecnología | 10% | Herramientas, plataformas y automatizaciones |
| Procesos | 20% | Flujos de trabajo y modelos operativos |
| Personas | 70% | Cultura, liderazgo, aprendizaje y adopción |
Este enfoque cambia la conversación. La pregunta deja de ser “qué herramienta de IA vamos a comprar” y pasa a ser “cómo vamos a preparar a la organización para usarla con sentido”.
Por eso, este es el momento de los líderes. No porque tengan que saber más que nadie sobre tecnología, sino porque tienen que crear las condiciones para que sus equipos puedan aprender, probar, equivocarse y avanzar.
Liderados por la IA o líderes con IA
Una de las frases más potentes de la ponencia fue esta: en el futuro habrá dos tipos de personas, quienes sean lideradas por la IA y quienes lideren con la IA.
Ser liderado por la IA implica dejar que la herramienta marque el ritmo, aceptar respuestas sin criterio o delegar decisiones que requieren juicio humano.
Liderar con IA implica usarla como apoyo, cuestionarla, integrarla en el trabajo diario y ponerla al servicio de objetivos claros.
La IA puede ampliar capacidades, pero no debería sustituir el criterio profesional. Especialmente en ámbitos donde la relación humana, la confianza y la experiencia de cliente son determinantes.
De pasajeros a marinos en el liderazgo y la transformación empresarial
La transformación no consiste solo en adquirir nuevas habilidades. También implica revisar hábitos, creencias y formas de trabajar que quizá ya no sirven.
Agustí cerró recuperando la metáfora inicial del barco. Las empresas tienen que salir del puerto, porque desde el puerto no se ve lo mismo que desde el mar.
La cuestión es si queremos vivir esta transformación como pasajeros o volver a convertirnos en marinos.
La inteligencia artificial puede cambiar procesos, tareas y modelos de trabajo. Pero no transforma por sí sola. La transformación real sucede cuando las personas entienden el cambio, lo hacen suyo y reman en una dirección compartida.
Desde La Tía Labs acompañamos a las organizaciones precisamente en ese punto: no en desarrollar tecnología, sino en ayudar a las personas y a los equipos a comprenderla, adoptarla y aplicarla con sentido en su día a día.
Porque liderar con IA no significa dejar que la herramienta marque el rumbo. Significa aprender a navegar con ella.
La IA no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión de liderazgo, aprendizaje y responsabilidad. La herramienta puede impulsar el cambio. Pero son las personas quienes deciden hacia dónde navegar.
Barcelona
936094533
Pl. Ernest Lluch i Martin, 5, 08019 Barcelona
Torre Diagonal One
Madrid
910193590
P.º de la Castellana, 259D, 28046 Madrid
Torre Emperador
Contacto
Política de Privacidad
Aviso Legal
Política de Cookies
Accesibilidad
Canal de denuncias